domingo 8 de noviembre de 2009

El descubrimiento del absurdo

Lógicamente no pude verla cuando se estrenó —corría el año 72— porque todavía era muy pequeño, pero no creo que llegara a los diez años cuando en casa me dieron licencia especial para ver esa cinta que iba a impactarme de una manera brutal y decisiva. Me refiero a La cabina, el cortometraje de A. Mercero protagonizado por José Luis López Vázquez, a quien con estas líneas quiero rendir un homenaje.
Recuerdo que aquella noche de infancia, de televisión única y en blanco y negro, mi padre accedió a dejarme ver la cinta a pesar de que tenía dos rombos y a pesar de que se pasaba en un horario tardío para un niño. Mi padre, que ya la había visto en su momento, me lo dejó bien claro: “Al final salen unas imágenes que te van a traer pesadillas por la noche”. Aun así, la avidez por ver esa película fue superior al pánico que horas después, ya acostado, iba a padecer.
La visión de La cabina aquella noche provocó en mí un impacto similar al que produjo Un chien andalou en los espectadores que el 6 de junio de 1929 estaban en el patio de butacas del Studio des Ursulines de París.
Curiosamente las imágenes que alimentaron mis pesadillas en las noches siguientes no fueron las del final de la película como vaticinó mi padre —los esqueletos con traje desparramados en el escaso medio metro cuadrado de la cabina, los ahorcamientos con el cable del teléfono—, sino las de la primera mitad, aquellas que transcurren bajo la luz implacable del sol mediterráneo y en una plaza pública cada vez más poblada de espectadores.
Además del impacto de las imágenes, aquella noche realicé con la inocencia del niño dos grandes descubrimientos.
En primer lugar, descubrí que mi padre ya no tenía respuestas para todo. Cuando López-Vázquez se quedó encerrado en la cabina, yo le pregunté por qué no podía salir si unas secuencias antes su hijo había entrado en ese mismo cubículo para recoger una pelota y había salido sin problemas; le pregunté también por qué la gente que se agolpaba alrededor de la cabina no lo ayudaba a salir, por qué no forcejeaban con la puerta, por qué no rompían el cristal… Ante todas estas preguntas, formuladas con toda la lógica que puede tener un niño de esa edad, mi padre enmudeció y se limitó a decirme que ése era el truco de la película y lo que le daba razón de ser. Con el tiempo encontraría la palabra exacta para vestir esa desazón: el absurdo.
El segundo descubrimiento no fue menos trascendental. Al rebobinar en la mente la película, caí en la cuenta de que las imágenes y las sensaciones vividas eran muy parecidas a las que a veces se reproducían en mis sueños y perduraban hasta la llegada de la vigilia. Y descubrí con asombro que era la primera vez que la realidad exterior se sincronizaba con la realidad que poblaba mis sueños.

miércoles 4 de noviembre de 2009

De la memoria petrificada

Hay personas tan longevas que llegan a presidir los actos de su propio centenario.
Hay personas tan longevas que parece que van a estar siempre entre nosotros. Su longevidad se hace rutina, cotidianeidad, presencia solitaria de alguien que sabes que todavía respira y está siempre a mano para refrescar un recuerdo de otro tiempo.
Hay personas tan y tan longevas que uno sólo las recuerda de mayores, con setenta años o más, en esa época en que les toca recoger premios y asistir a actos de homenaje. Por eso cuando las ve en fotografías con treinta —o menos— años de edad se produce una sensación de extrañeza.
"Ayala nunca fue joven", parece decirnos el subconsciente, sino un anciano de piel traslúcida y arrugada, de rostro amable —a pesar de tener napia aguileña— que se había ido dejando los rasgos del habla granadina por la cantera de los años.
Tras la muerte de Francisco Ayala —y la de Pepín Bello en enero de 2008, también con sus 103 años a la espalda— uno cae en la cuenta de que ya no habrá más testigos directos de los que vivieron la Edad de Plata en primera fila. A partir de ahora, todo lo que conozcamos de ese tiempo por tantos conceptos irrepetible será material de segunda mano. Tras la muerte de Francisco Ayala la Edad de Plata se ha quedado de repente petrificada en mármol, convertida para siempre en una colección de fósiles prestados. Tras la muerte de Francisco Ayala la Edad de Plata ha pasado a tener el mismo rango en la memoria que el Romanticismo, la Edad de Oro o el Mester de Clerecía.

martes 3 de noviembre de 2009

Me echo a temblar

Así comienza una reflexión que el pasado domingo 1 de noviembre publicó el filósofo y Catedrático de Instituto José A. Marina en su espacio “La Frase” del diario El Mundo a propósito de la sugerencia de fray Gabilondo de prolongar la obligatoriedad de la enseñanza obligatoria hasta los dieciocho años.
La verdad es que uno solo entiende esta propuesta —que lleva ya un tiempo de runrún— bajo dos parámetros. El primero, reducir en dos años la tasa de paro; el segundo, llenar a la fuerza los ciclos formativos de grado medio, un cadáver tan grande y tan gravoso para el Ministerio de Educación que no hay manera de deshacerse de él. Las demás ideas y reflexiones que se hacen al respecto sigo sin entenderlas.
Como lo dice muy claro y muy bien y muy bien ponderado, anoto las reflexiones de José Antonio Marina al respecto. Ojalá que no falte el sentido común.
“Me echo a temblar ante las ocurrencias educativas. Todos pensamos que es demasiado alto el porcentaje de alumnos que deja los estudios al terminar la Enseñanza Secundaria Obligatoria. Pero creer que eso se arregla obligando a todo el mundo a estudiar hasta los 18 años, me parece una ingenuidad peligrosa. Los docentes de secundaria sabemos que la permanencia obligatoria en las aulas hasta los 16 años ya plantea muchos problemas que no hemos resuelto. La ley de Pilar del Castillo propuso una solución -la creación de itinerarios diferenciados a partir de los 14 años para que los alumnos pudieran elegir varios caminos- a lo que el PSOE se opuso de manera, a mi juicio, injustificada.
El problema de la enseñanza obligatoria es que tiene dos objetivos necesarios y contradictorios. Es el gran mecanismo de integración social, y para eso debemos hacer todo lo posible para que ningún niño a niña quede fuera, lo que nos obliga a ampliar los márgenes de tolerancia. Pero entonces desciende la calidad, que es el segundo objetivo educativo. Esta inevitable contradicción hace que el profesorado de secundaria obligatoria deba tener un talento y una formación pedagógicas excepcionales. El bachillerato debe ser diferente. Es una enseñanza voluntaria, donde la calidad debe primar. Por sus especiales características, no podemos extender dos años más el régimen obligatorio. Lo que debemos hacer es mejorarlo para que más jóvenes quieran seguir estudiando. / JOSE ANTONIO MARINA / Filósofo.

jueves 29 de octubre de 2009

Ni jálogüin, ni janguelín: Tenorio

LUIS. ¡Jesús! (Cae.)
D. JUAN. Tarde tu fe ciega
acude al cielo, Mejía,
y no fue por culpa mía;
pero la justicia llega,
y a fe que ha de ver quién soy.
CIUTTI. (Dentro.)
¿Don Juan?
D. JUAN. (Asomando al balcón.)
¿Quién es?
CIUTTI. Por aquí;
salvaos.
D. JUAN. ¿Hay paso?
CIUTTI. Sí;
arrojaos.
D. JUAN. Allá voy.
Llamé al cielo y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el cielo, y no yo.

(Se arroja por el balcón, y se le oye caer en el agua del río, al mismo tiempo que el ruido de los remos muestra la rapidez del barco en que parte; se oyen golpes en las puertas de la habitación, poco después entra la justicia, soldados, etc.)

sábado 24 de octubre de 2009

Canción de aniversario


Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, ¡alegría!

Y luego levantémonos más tarde, como domingo.
Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.

El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro del corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?

La realidad -no demasiado hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.

La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
-mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común-, estoy seguro
que no puede hacer daño.

viernes 16 de octubre de 2009

Estimado señor Lara

Estimado señor Lara:
Por la presente le comunico que no voy a leer y ni mucho menos a comprar el Premio Planeta que se falló en la noche del día 15 del mes en el que nos encontramos.
Le confieso que dejé de leer los Premios Planeta hace ya muchos años porque, aun aceptando que se trata de un producto comercial, la calidad literaria de las novelas premiadas dejaba mucho que desear, incluso algunas de ellas me parecieron un auténtico pestiño y un bodrio infumable, por no hablar de los amaños, trapisondas, encargos y plagios que sólo se han podido silenciar con un manto de piedad después del óbito del escritor, como es el caso de Camilo José Cela.
Reconozco que con la pasada edición hice una excepción porque el premio recayó sobre Álvaro Pombo, uno de los escritores más honestos del Parnaso español y uno de los que ha conseguido fidelizarme —perdón por el palabro—como lector, si bien tengo que apostillar que la obra premiada no se encuentra entre lo mejor de la producción de este escritor.
En el caso del premio de este año declaro mi absoluto desconocimiento del escritor que ha recibido la mención de finalista, pero no me duelen prendas en ofrecerle mi opinión sobre la señorita Ángeles Caso que ha recibido el premio en cuestión, a la que tildo sin empacho de escritora fofa, desbafada, sin fuelle narrativo, lentorra de ritmo y que, para más inri, carece de estilo, el peor estigma que se le puede otorgar a alguien que dice profesar el arte de la literatura. Me arrepiento de haber leído en su día la novela El peso de las sombras con la que quedó finalista en 1994 y también otra novelita suya, de cuyo nombre no puedo acordarme, a la que el editor aumentó la fuente de letra hasta el 14 para que se pudieran estirar las páginas y poder alcanzar el formato de libro.
En vista de todo lo cual le comunico que me dedicaré a buscar el placer estético en otras manifestaciones literarias y que sondearé el fruto de otros autores antes que invertir mi tiempo en leer este tipo de obras, máxime cuando, como es mi caso, se ha cruzado el ecuador de los cuarenta y el tiempo se nos empieza a mostrar como un bien escaso y muy preciado que hay que saber administrar.
En espera de que al recibo de la presente se encuentre usted bien y deseando que la empresa que dirige surque con buen rumbo la procela de la crisis, se despide de usted su muy seguro servidor.

jueves 15 de octubre de 2009

Belenismo, nuevo grado universitario

Habida cuenta del gran éxito protagonizado por la estrella mediática conocida como Belén Esteban y la gran demanda de solicitudes de las adolescentes españolas por ser émulas de este referente televisivo, el Ministerio de Educación y Ciencia en colaboración con el Ministerio de Igualdad y el Consejo de Rectores de Universidades Españolas ha estimado iniciar los trámites para la creación de un nuevo grado universitario. Esta nueva titulación universitaria, que nace ya bajo los parámetros del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), ha sido denominada en los borradores del proyecto como Belenismo.
Las asignaturas troncales que contempla la nueva titulación universitaria son “Belenismo I”, “Belenismo II” y “Belenismo III”; “Andreíta I”, “Andreíta II” y “Andreíta III” y “Telepena de Belén la Belenita”.
Entre las materias optativas figuran “Paremiología del Barrio de San Blas”, “El coño como marcador discursivo en Andreíta, cómete el pollo, coño”, “El yo enfático en el enunciado Yo, por mi hija, mato” y “Proxémica, cinésica y paralenguaje belenita”.
En cuanto a las materias de libre configuración se han propuesto las siguientes: “Don Umberto Janeiro, el galán de merendero, y el amor de lejos”, “Acortamientos léxicos: sobre Campanario, la Campa”, “Variaciones sobre un tema: del Arriba España a Arriba la Esteban”, “El lenguaje inmotivado: el tigre Currupipi” y “Relajación articulatoria de la /d/ intervocálica: Toa, toa, toa, te necesito toa, toa…
Asimismo, se contempla que las prácticas del nuevo grado se realicen no sólo en los platós televisivos, sino también en pescaderías, verdulerías y todos aquellos lugares en donde se produzca cualquier ayuntamiento de gentes de aquí, de allá y de acullá.
Los expertos del ministerio han justificado la creación de este nuevo grado universitario en la demanda existente por parte de una buena parte del alumnado de Secundaria y de Bachibarato. Según un portavoz autorizado del ministerio, “es evidente que existe un nicho laboral de belenismo que la actual oferta académica no puede cubrir en absoluto”.
Se prevé que, una vez finalizados los trámites oportunos, esta nueva titulación universitaria pueda ser ofertada para el próximo curso escolar.