jueves 2 de julio de 2009

Nuestra primera vez

Parafraseando a Gil de Biedma, intento formular mi experiencia en las oposiciones.
Hace veinte años, por estas mismas fechas de la canícula veraniega, tuvimos nuestro primer contacto con las oposiciones.
Muchos de nosotros fuimos a Madrid a luchar por el Modernismo, aunque ninguno fue llamado por Rubén Darío, sino por la convocatoria del BOE que aún nos distinguía entre Profesores Agregados de Bachillerato y de Formación Profesional. Tenemos el honor de ser los penúltimos de la tortilla en que se convirtieron estos dos huevos.
Generalmente el viaje era en tren, saliendo desde El Portillo y llegando a Chamartín y nos solíamos alojar en colegios mayores o en pensiones de mala muerte regentadas por zamoranos, gallegos o asturianos. Sus nombres revelaban las raíces del dueño o de su progenie (Pensión El Zamorano, Pensión Betanzos, Pensión El Berrón…). Solían estar situadas en el Madrid antiguo, en edificios que vio crecer Galdós, algunos incluso de tiempos de La Gloriosa, y no tenían aire acondicionado. En esos primeros días de julio Madrid contaba con una población flotante de 40.000 opositores.
En aquel año de 1989 en las oposiciones de Agregados de Bachillerato la fortuna deparó un tema escrito de la literatura medieval: “La lírica tradicional”; en el comentario lingüístico analizamos un texto de Francisco Umbral, con mucho predominio del SN; en el comentario literario apareció un soneto del Divino Francisco de Herrera. En un acto que hoy es absolutamente revolucionario y rompedor, hicimos el primer comentario siguiendo los dictados de Marcos Marín y el segundo, según Lázaro Carreter. En el tema teórico echamos mano de las enseñanzas de Mª Jesús Lacarra.
Lo demás era el trajín con las maletas cargadas de apuntes, de “ricos”, de “deyermonds”, de “alborchs”, los vagones de metro sofocantes, los museos y cines como bálsamo para aliviar el calor y el tiempo de espera en tanto en cuanto te tocaba leer los escritos (recuerdo con vergüenza haber visto “Mi novia es un extraterrestre”, con Kim Bassinguer), el miedo claustrofóbico de la encerrona, cierta rigidez en el desenvolvimiento en la gran ciudad y un poco de torpeza baturra…

PD. ¡Glup! He buscado on-line la convocatoria de 1989 para colgarla en el blog, pero somos tan viejos que el BOE de nuestra primera convocatoria no figura en formato PDF en la web http://www.boe.es/. “¡El horror! ¡El horror!” que decía Marlon Brando al final de Apocalypse now.